Eucario en Miami tilda de incapaz la canciller Angela Holguin

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Es doloroso reconocerlo, contrista el alma de los colombianos, pero la patria sigue perdiendo batallas y naufragando en sus propias aguas, que poco a poco le arrebata Nicaragua.

Tras la pérdida de una inmensa porción de mar que ese país logró hacer suya mediante un fallo de la Corte Internacional, ahora la misma Corte le niega a Colombia la solicitud que le formulo para que aceptara sus demandas contra el fallo anterior.

Tal parece que son más sabios, capaces e influyentes los cancilleres y los juristas internacionales de Daniel Ortega que los de Colombia. Qué pena.

Con estas batallas marítimas perdidas, los habitantes de la bella Isla de San Andrés están  ahora más expuestos a los apetitos territoriales del Presidente Daniel Ortega.

La población está energúmena con razón, y se siente abandonada y al borde de un abismo insondable.

Los colombianos estamos consternados por lo ocurrido, nos  sentimos humillados, ofendidos y no entendemos cómo es que el gobierno de Santos no ha tenido la inteligencia y la fortaleza que le da su tradición democrática respetuosa de las fronteras que poco a poco le arrebata Nicaragua, con el respaldo de la Corte Internacional de La Haya.

Pero no solo naufraga la patria en esas aguas turbulentas que Ortega agrega a su país. Colombia está al borde de un apagón debido a la irresponsabilidad y negligencia de los encargados del servicio energético, algo que ocasionará pérdidas irreparables a la economía, a la industria, a la producción nacional, a la calidad de vida de sus habitantes.

Los obreros están en las calles protestando por los bajos salarios, los cultivos de coca se han incrementado en un 40% y el negocio del narcotráfico internacional, fuente de riqueza de la narco guerrilla terrorista de las Farc, es ahora más fuerte que nunca por el cese bilateral de hostilidades que aleja las tropas de los laboratorios y las vías de exportación.

Otra batalla casi perdida es la de la paz, a punto de desplomarse en la Habana por las constantes y exageradas exigencias de poder de los comandantes guerrilleros. Repito, es doloroso, pero la patria naufraga en turbulentas aguas negras. ¿No les parece?

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