El hijo de doña Margarita y Martín, Don Eucario creímos que era inmortal.

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La varita mágica de Eucario

Quienes tuvimos la fortuna de formarnos radialmente bajo la égida del superdotado Eucario Bermúdez Ramírez siempre creímos que el hijo de doña Margarita y don Martín era inmortal. Falleció en Miami, a los 83 años, al anochecer del  7 de enero de 2019.

.Nacido en Timbío, Cauca, por equivocación de la cigüeña, recaló muy joven en Manizales, su segunda patria chica. Las vecinas lo llamaban “Carito” por puro cariño, según relata la bibliotecóloga Elsie Duque de Ramírez. Antes había vivido en Viterbo, Aguadas y Santa Rosa de Cabal.

Era sapiente, agudo, inteligente, recursivo, dinámico, versátil, polifacético, maestro del micrófono, gran improvisador y dueño de una admirable formación humanística.

‘Don Eu’ manejaba la máquina de escribir con velocidad aeronáutica. Un día le cronometramos en su oficina del Transmicentro, en el barrio Chipre, 140 palabras en un minuto,  una marca difícil de igualar.

Solía decir ¡presente! en todas las cruzadas ciudadanas. El padre Adolfo Hoyos Ocampo (líder cívico por antonomasia) siempre recomendaba: “Llamemos a Eucario”. Y al momento aterrizaba, pletórico de entusiasmo, en el escenario en el que se reclamaba su valioso concurso para que aportara su voz, su optimismo y su talento.

Entre las muchas jornadas que abanderó el hombre de la varita mágica, sobresale el gran papel que jugó, desde los micrófonos de Transmisora Caldas, en la espectacular carrera de la bella Luz Marina Zuluaga, quien se trajo para Colombia la corona y el cetro de Miss Universo, desde Long Beach, Estados Unidos.

Con Gabriel Muñoz López, un manizaleño que se destacó mucho en el periodismo radial. Eucario y Gabriel siempre fueron una «llavería
Tenía el palito ‘Don Eu’ para inventarse espacios  con los que conquistaba los auditorios populares: “Hagan ustedes el programa” era un espacio diario en el que los oyentes elegían, al aire, los discos que querían escuchar.  Montó al promediar la mañana “Cambalache”, un programa en el que compradores y vendedores hacían sus negocios, al aire, en un exitoso servicio gratuito de avisos clasificados, en los que se vendía desde un lote en la Alta Suiza hasta un perro guardián o una bicicleta turismera. Para competirle al “Monitor”, que hacía Carlos Pinzón por la cadena Caracol en las mañanas dominicales, se inventó “Canal W”, una radio revista que conquistó grandes franjas de oyentes en la emisora de don Ignacio Escobar.

Solía desplazarse cada cierto tiempo a Medellín, el epicentro de la fonografía nacional, para hacerse a la producción más reciente, la que estrenaba en su espacio “El hombre de lo discos”. Fue en uno de esos viajes en los que tuvimos la fortuna de conocerlo, en la redacción del diario “El Colombiano”, al ser presentados por el cronista Carlos E. Serna,  quien publicaba la muy leída columna “Por la radio”.

Don Ignacio Escobar, un cura de la época y Eucario.

Entre los productos que más cuidó con gran esmero estuvo el tradicional evento anual. A su estación la bautizó “La Voz de la Feria”, y produjo un jingle de impacto que grabó con el “Cuarteto Imperial”, dirigido por Helí Toro Álvarez.

Siempre pensando en grande, armó para cubrir las temporadas taurinas de la feria, desde el callejón de la monumental Plaza de toros de La Castellana, un cartel de postín, encabezado por el español Pepe Bermejo de la Fuente, traído desde Castilla, y el antioqueño Ramón Ospina Marulanda, quien iniciaba así su vertiginoso ascenso como el número uno de la sintonía taurina en Colombia.

Cenizas de Eucario

Las grandes cadenas radiales siempre quisieron sacar de Manizales a ‘Don Eu’ y llevárselo para Bogotá, pero su amor por la capital caldense fue intransferible, hasta que el santarrosano Fernando Londoño Henao, el tambor mayor de Caracol, lo convenció para que se marchara a la gran capital, donde lo esperaban pomposos escenarios, sonoros éxitos y enormes reflectores.

A nosotros se nos vino abajo la estantería una tarde cuando nos dijo: “Orlando, me llegó la hora, me voy para Bogotá, a triunfar… No le voy a dar más largas al asunto… Allá nos veremos… Mejor dicho, allá lo espero”. Y se fue para el altiplano a maravillar a raimundo y todo el mundo con toda su sabiduría radial. Después lio bártulos a Miami, Florida, donde su accionar conquistador llegó a tal nivel que una de las calles de la ciudad lleva su nombre.

La apostilla: Queda mucha tela “eucariana” por cortar, pero lamentablemente el tiempo se ha acabado.

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