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De pronto, el avión empezó a sacudirse, no por la turbulencia propia del vuelo, sino porque los  celebrantes montañeros de Miami» (como alguien se autodefinió) se dedicaron a bailar, cantar, gritar, trovar, aplaudir y celebrardentro del Yumbo

La Feria de las Flores la vivimos en el Jumbo de Avianca a 10 mil metros de altura.En el vuelo más alegre del año, «medio Miami» se vino a celebrar.Se revivió la parábola del hijo pródigo, pero en versión de rumba.Las sacudidas del avión no fueron por turbulencia, sino por la celebración.

Necesariamente tuvo que provocar conmoción en Medellín, el sábado casi de noche, el inesperado sobrevuelo de un gigantesco airbus blanco, el Yumbo de Avianca el que lleva la firma del maestro Fernando Botero en uno de sus costados.

Claro, por la hora (6:25 de la tarde) y el tamaño de la aeronave, cualquier desprevenido pensaría, horrorizado, que se trataba de un avión en emergencia tratando de aterrizar en el Olaya Herrera. Tamaño malentendido.

Ese misterioso sobrevuelo, que para nadie debió pasar inadvertido, se trataba del vuelo de las Flores de Alianza Summa,  repleto de pasajeros con abides de rumba y visitar sus familiares en la Feria de la Flores con pasajeros a bordo provenientes de Miami que regresaban a la ciudad a disfrutar la Feria de las Flores, repitiéndose así la parábola del hijo pródigo pero en versión de rumba.

Esa fue la sorpresa, a manera de regalo de despedida, que guardaba celosamente el capitán Luis Alberto Ossa y que tuvo la inmediata respuesta de un coro de  pasajeros cantando a todo pulmón el «Oh libertad que perfumas las montañas de mi tierra», emocionados con el regreso a casa. Algunos no pudieron contener las lágrimas.

El sonido interno quedó en manos de los pasajeros, convertidos en maestros de ceremonia para que todos se contagiaran con el vuelo de la alegría y brindaran con guaro por el regreso a Medellín. Las auxiliares, ataviadas con bellos delantales adornados de flores, contribuyeron con natural simpatía para los concursos, rifas y regalos de Summa.

El padre Sergio Bernal, educador en la Universidad Gregoriana de Roma, quiso apartarse un poco de la algarabía y de manera discreta pidió la última silla, la más extrema del avión. Hasta que sus vecinos lo sacaron del «escondite» y el sacerdote, envalentonado con el brindis colectivo, terminó cantando, vestido de poncho y sacudiendo la bandera tricolor.

De pronto hubo un par de pasajeros que no se inmutaron por la escandalosa alegría que imperó en las tres horas del vuelo: María Elena González, una anciana de 86 años que se la pasó rezando y Julián Alberto, un bebé de cuatro meses que dormitó las tres horas entre Miami y Medellín.

El vuelo extraterrestre («porque llegamos de otro planeta») fue clausurado con tremenda rumba en la sala de embarque del Aeropuerto José María Córdova de Rionegro, amenizada por la Banda de Santa Fe de Antioquia. Alguien, incluso, lanzó un abajo por la guerrilla y otro le respondió con un viva por Estados Unidos.

 

«Estoy feliz. Como buen paisa debo darle gracias a Dios por haberme tocado comandar el Vuelo de Las Flores. Para mí es un orgullo y un placer haber compartido la alegría de todos mis pasajeros. Este es un vuelo especial, único en el año y qué bien que me correspondió a mí. Hasta el viernes en la noche vine a enterarme de que me había tocado y la verdad es que me alegró bastante y con mayor razón cuando empecé a sentir la felicidad y la fiesta que se vivieron en estas maravillosas tres horas entre Miami y Medellín.

Quise hacer algo especial, como un homenaje de Alianza Summa con nuestros ilustres visitantes y por eso tomé la iniciativa de sobrevolar a Medellín antes de aterrizar en Rionegro. No fue una locura o algo inesperado, fue un sobrevuelo premeditado, porque en la mañana había pedido autorización y hablé con la torre de control del Olaya Herrera para que estuvieran pendientes. Los encargados fueron tan amables que permanecieron en sus puestos para coordinar el sobrevuelo, después de las 6:00 de la tarde, que es la hora cuando el Aeropuerto de Medellín cierra operaciones. Pienso que fue una operación anormal e inesperada para la ciudad y muchos ciudadanos se debieron asustar por el tamaño del avión y por la hora, pues era casi de noche».

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